miércoles, 18 de octubre de 2017

"La felicidad es un té contigo" de Mamen Sánchez



Mamen Sánchez, nacida en Madrid en 1971, es la autora de esta bonita historia publicada en 2013.
Además de ser escritora, Mamen se licenció en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y realizó cursos de doctorado en Historia y Literatura. Posteriormente cursó estudios en la Universidad de La Sorbona (Literatura y Civilización Francesa) y de Literatura Inglesa en las universidades de Londres y Oxford. Es directora adjunta de la revista que crearon sus abuelos: "¡Hola!" y directora también de su edición mexicana.

El libro, de tan sugerente título, tiene esta preciosa portada, de la que me gusta todo (flores, cortina, tetera, colores...):

y fue un regalo de mi querida amiga Rosa Berros, junto con este pequeño y entrañable mensaje:

La editorial que lo publicó, Espasa, hizo saber en su día que había superado los 150.000 lectores.

La historia arranca en una oficina, convertida en casi hogar para las cinco chicas que trabajan en ella gracias a la jefa, Berta Quiñones.
Son María, Asunción, Gaby y Soleá, siendo esta última (la más joven y dicharachera, gitana "de piel morena que melocotoneaba a ratos") la que acaba adquiriendo un papel relevante.
En la susodicha oficina se encuentra instalada una prestigiosa Editorial, fundadora de la revista Librarte y, ante la amenaza por parte del dueño (-un inglés de nombre Sr. Craftsman-) de cerrar ésta debido a las pérdidas que tiene, su hijo (el gentleman Atticus Craftsman) decide desplazarse a Madrid y comprobar in situ la situación por la que atraviesa.
Es entonces cuando al que se le pierde la pista es a él, puesto que Soleá lo engatusa con el cuento de que su abuela tiene en Granada un baúl con poemas inéditos de Federico García Lorca, y para allí que se lo lleva.

Atticus (que viajaba, literalmente, "con su kettle a cuestas, igual que algunas mujeres viajan con su secador de pelo", acaba introduciéndose en la familia de la joven, viendo y viviendo lo que por costumbre tiene la gitana 'granaína', todo ello sin sufrir ningún problema pese a lo diferentes que son sus respectivos idiomas y culturas.

Mientras tanto, será el inspector Manchego el que, con su particular vis cómica, se encargue de desenredar la trama, toda ella explicada con un lenguaje sencillo y salpicado de un humor fino que consigue arrancar sonrisas. 

Por su parte, los personajes aparecen tan perfectamente perfilados que uno acaba familiarizándose con ellos, empatizando con sus problemas y reconociendo en ellos a alguna persona.

Todo en su conjunto ha hecho que la lectura de esta novela me resultara sumamente agradable. Además, el libro menciona el Parque del Retiro de Madrid (por el que llega a pasear Atticus al igual como hice yo, en su día, con Rosa y otros amigos blogueros). Y por si fuera poco, en un momento dado aparece la tía de Soleá, llamada Consuelos (como una servidora, pero en plural), que es una señora que tiene poderes analgésicos hasta el punto que "ser humano que se acercaba a menos de quince centímetros del pecho de la tía Consuelos, ser humano que notaba cómo su pulso se ralentizaba".

Además de esta frase destaco, como siempre me gusta hacer, algunas otras que, por diversos motivos, me llamaron la atención:
  • "...dejó atrás los recuerdos dulces del primer amor y los sustituyó por otros de sabores varios, ácidos, picantes, sabrosos y exóticos".
  • "El alma no tiene peso (...). No tiene peso porque no es de este mundo. Como el amor o el dolor. Es el continente de todas las grandezas que hacen al ser humano parecerse un poco a Dios".
  • "...la fotocopiadora, que estaba cubierta con un mantel de ganchillo...".
  • "Allí nació su historia de amor. Con delicadeza de artista. Dos artistas. Él el pincel, ella la tinta".
  • "...se movía con la soltura de una hebra de hilo en una corriente de aire".
  • "...regresar corriendo a casa, a sus libros, en los que el verdadero amor aún era una quimera posible".
  • "Había también algunas parejas románticas, de esas que disfrutan del bullicio de la felicidad ajena para aderezar la propia".


    He podido comprobar que la autora hace un guiño a las mujeres en frases como éstas:
  • * "Duras, Lawrence, Miller, Nabokov y Sade. Cinco maneras de entender la sensualidad femenina".
    * "...por alguna confabulación del destino -que claramente es hombre- (...), y la vida -que es mujer- se le complicó".
    * "Las mujeres, al contrario que los hombres, son capaces de hablar durante horas de un problema sin tratar de encontrarle solución. Sin planear el próximo movimiento...".

Si queréis saber lo que dice Mamen Sanz de su propio libro, aquí os dejo una 'minientrevista' que se le hizo con motivo de su publicación:



Y como, ni que decir tiene que el té está muy presente en toda esta historia, aunque yo no pueda prometer felicidad...¿a alguien le apetece tomar uno?


lunes, 16 de octubre de 2017

Mis "obras de arte"

Hoy vengo con ganas de enseñaros mis "obras de arte". Las llamo así por decir algo, vamos. Obras son, pero que sean "de arte" es más discutible.

pArte I


De pequeña, en el colegio me gustaba hacer trabajos manuales y en casa, forrar cajas  y cajones con papeles preciosos, así como customizar carpetas.

Lo que con más cariño conservo de esa época es este espejo que veis a la derecha, rayado por la parte trasera, de una niña sentada en su escritorio con su gato.

De joven me dio por pintar camisetas de algodón (algunas con zapatillas de lona a juego) a las que cosía lentejuelas. Hice más de medio centenar, pero no vendí ni una, a pesar de que se me propuso llevarlas a algún comercio. 
Las regalé todas. Y dos de las que me quedaron en casa son éstas:

En Bachillerato, estudiando Dibujo Técnico, hice el que os muestro abajo:
Y más recientemente tengo el hobby de bordar nombres en mantas. Casi todos los miembros de mi familia (y también algunas otras personas) tienen su manta personalizada 'made in Chelo', incluso en su día bordé una toalla y pinté un nombre (Triana) en el arrullo de bebé que veis, para la nieta de mi amiga Elo.
Mantas personalizadas
Toalla
A mi princesa Patricia le bordé el delantal que véis, y ahora mismo estoy con la manta de arriba para Llum, la hija de mi amiga Amparo.

También me encanta componer postales o felicitaciónes, en las que me gusta ir aumentando el nivel de dificultad. Alguna os sonará:
¿Veis los nombres?

Hubo una temporada que me dio por hacer broches de fieltro, que también regalé, salvo estos 4 que hice para mí, básicamente con el que me sobró de color rojo:


Añado las fotos de dos mantelerías hechas con punto de cruz, así como un conjunto de collar y pendientes hechos con bolitas de madera:

pArte II

Pero si algún "arte", caso de tenerlo, heredé de mi madre, es el de pintar cuadros al óleo. Sé que después de enseñaros los suyos (-aquí podéis ver el post que le dediqué-), los míos no os van a decir gran cosa ya que no le llego ni a la altura del betún (y orgullosa estoy de ello), pero como algunos de vosotros me lo pedisteis al comentar aquel post, he querido complaceros.

Yo aprendí a pintar con el pintor Vicente Traver Calzada. ¿Lo conocéis? hacedme un favor: poned en Google su nombre y veréis de quién estoy hablando.

Mi padre me llevó un verano, siendo muy joven, a su estudio. 
No recuerdo exactamente de qué se conocían pero como yo tenía la inquietud de pintar, me quiso obsequiar con ese encuentro. 
Vicente Traver Calzada
De esa tarde tengo grabado el momento en que Traver nos explicaba que le gustaba mucho observar las manos de las personas, y luego las tomaba como modelo para dibujarlas o pintarlas. Recuerdo que ante esta afirmación, en un gesto automático guardé las mías y ya no las mostré en ningún momento de la conversación (de niña era todavía más ilusa que ahora y pensé que me iba a coger de modelo para pintarlas).
Que me firmó un libro, con una dedicatoria muy bonita, tampoco lo olvido.

Autorretrato, en una exposición suya
Me apunté a sus clases y pronto me dí cuenta de que Traver tenía (y tiene) un estilo muy particular. Montaba escenarios (para mí muy raros) que todos los que íbamos a aprender con él, debíamos (aunque no era ningún imperativo) pintar o dibujar. 
Una vez colocó sobre una mesa un mantel rojo, sobre el que dejó un maniquí roto medio caído y una guitarra detrás. A mí, de entrada, no me gustó mucho pero como allí todos le obedecían, no quería ser yo la discípula díscola. 

El día que toda contenta llegué con el cuadro a casa, tan pronto lo mostré, empezó mi padre: "así no, gíralo que parece que esté al revés"; continuó mi madre (más entendida ella): "pues yo creo que es horizontal, que el lienzo es modelo 'paisaje' y no modelo 'figura'"; y siguieron mis hermanos, con muchas menos contemplaciones:  "uf, pero si da miedo y todo" (aún recuerdo la cara de mi hermana arrugando la nariz).

Me enfurruñé y en ese preciso momento decidí que se acabó lo de pintar lo que Traver me ordenara cuando a mí no me gustara, por lo que le dije que yo quería ir 'por libre' si era posible.   

Le pareció buena mi iniciativa, pero no fue en balde (y orgullosa también estoy de ello). Si digo esto es porque, cuando acabé mi "obra maestra" (que luego os mostraré) me confesó que me había usado de 'conejillo de indias' para usar una técnica diferente, y que estaba muy satisfecho con el resultado.

Antes os muestro dos de los cuadros a los que más cariño les tengo de mi época más naïf:
 
También hice una copia a lápiz de mi hermano, cuando tenía él cuatro años:

Ya cuando nacieron mis sobrinos me pasé a los colorines pues me parecían más adecuados para habitaciones de niñ@s.




Y la que veis abajo es la obra maestra que antes cité, La Venus de Milos, por tres motivos: su altura (mide casi dos metros), la técnica utilizada (que no deja de ser una mezcla de carboncillo, tiza y cera sobre papel de embalaje) y el hecho de haberme puesto en manos del renombrado pintor.

La Venus de Milos
Detalle de La Venus de Milos


lunes, 18 de septiembre de 2017

Ya de vuelta



¡¡Hola mis queridos amigos blogueros!! 
Si vuelvo la vista atrás me parece una eternidad  el tiempo que hace que no estoy entre vosotros pero dije septiembre y aquí estoy de regreso a casa (una de ellas, al menos), después de unas intensas y laaargas vacaciones de las que podría contaros muchas cosas, pero que se han reducido a cumplir lo que ya os anuncié en el anterior post https://cheloferrerblog.blogspot.com.es/2017/06/hasta-septiembre.html, aunque con una novedad importante que paso a contaros.

Resulta que la última semana de las susodichas vacaciones, tanto mi hermana como cuñado y mis tres sobrinos, me propusieron hacer con ellos un viaje por el norte de España. El hotel lo reservamos en Santillana del Mar, ciudad maravillosa donde las haya y desde la cual nos fuimos moviendo por el resto de Cantabria, parte de Asturias y hasta visitamos un poquito Bilbao. 
Lagos de Covadonga

En algunos lugares yo ya había estado pero, aún así, hay cosas que no me cansaría de ver nunca como, por ejemplo, los lagos de Covadonga


También visitamos San Vicente de la Barquera, las neocuevas de Altamira, en Santander el Real sitido de la Magdalena, y otras cosas tan dispares como San Juan de Gaztelugatxe (Bermeo), que os sonará a los asiduos (yo no lo soy) a "Juego de Tronos" (foto de abajo):
¡La subida al "castillo" fue agotadora! AlgunAs se quedaron por el camino pero yo llegué arriba, si bien haciendo pausas con mi sobrino para coger un poco de resuello :

Mi sobrino Juanvi y yo



De todo, si algo me gustó especialmente fue el Parque de la naturaleza de Cabárcenoa 17 kilómetros de Santander, que para nada es un zoológico convencional ni un parque natural al uso, ya que los animales están en régimen de semilibertad y se pueden ver desde lo alto subiendo a los teleféricos. 
Baile 

Sensacional fue el espectáculo de leones marinos y en particular, el baile (en la foto de la derecha) que se marcó uno de ellos con su cuidadora. 

Cris y yo..

De curiosa tacharía la visita a una antigua Ganadería/Quesería llamada Vega de Tordín, donde nos enseñaron todo el proceso de fabricación del queso de cabrales (a mi sobrina Cris y a mí nos costó resistir el fuerte olor de granja sumado al del queso, y disimulábamos como podíamos con la excusa de que llovía y hacía frío...). 

En el Museo Guggenheim
Otra cosa que también vimos fue el impresionante 
Museo Guggenheim.

Ya el día de vuelta paramos en Soria y visitamos la ermita de San Saturio, ubicada en un paraje natural con mucho encanto al borde del río Duero. 
Patri, mi hermana, yo y Cris
Ese último día, en la comida, me dieron una gran sorpresa que quiero dejar aquí reflejada en mi blog (aunque nunca se me olvidará) y es que el viaje fue un regalo que me hacían con motivo de mi cumpleaños que está al caer.

Una vez contado todo
esto, a ver si alguien me sabe responder esto: ¿a quién vi yo en Santander? Pista infalible: amiga leonesa bloguera, que vive allí y donde da clases como profesora de Biología en un instituto.

¡Sí! Nuestra querida Rosa Berros. Quedamos una soleada, a la vez que lluviosa, mañana (allí el tiempo no se aclara) y compartimos un rato tomando un café. Nos supo a poco a ambas ya que las respectivas obligaciones imperaban, pero nos permitió ponernos al día en cosas de nuestras respectivas vidas "en vivo y en directo". ¡Qué alegría más grande tuvimos al vernos! 
Aquí os muestro una foto del momento, con la maravillosa playa de El Sardinero al fondo.
Rosa Berros y yo

Fabes con almejas
Zamburiñas
Para terminar diré que en todos los lugares comimos de maravilla, pero el premio a la exqusitez se lo llevaron las zamburiñas en un lugar de San Vicente de la Barquera, y el de la abundancia se lo llevó un restaurante llamado El rincón de Don Pelayo en Covadonga, en el que nos sirvieron en un enorme cuenco (nada de plato) unas fabes con almejas con las que yo hubiera podido pasar una semana entera.
¿Alguien quiere quesada?

Y hablando de abundancia, de Santillana del Mar me traje un montón de quesadas y sobaos pasiegos para endulzar al resto de familia y compañeros de trabajo.

Terminado el viaje y de vuelta a la realidad, si de algo no tengo ninguna duda es que, si bien me gusta viajar con amigos, como suelo hacer y también contar, no hay nada comparable con viajar con la familia.
Y hasta aquí, la crónica de mi viaje. 
Con mi hermana
Quiero que sepáis que me apetecía ya mucho volver. Ahora, poco a poco, os iré visitando a todos y poniéndome al día, ¡hasta pronto!.

Mi hermana y yo